Debido a los problemas y daños que han causado las crecidas de las avenidas del río Ebro, surge un debate en el que se pone sobre la mesa la necesidad de poner en valor el importante papel que deben jugar las zonas de inundación.

En el caso del río Ebro, el espacio fluvial y sus zonas inundables se han visto reducidos en un 45% desde 1927. Estas zonas han sido ocupadas por campos de cultivo, infraestructuras, poblados y protegidas por motas que han convertido el río Ebro en un canal artificial donde el agua ve incrementada su velocidad, provocando un efecto destructivo sobre estas zonas ocupadas en el caso de que se produzcan inundaciones.

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Los daños que causan las avenidas se reducen si hay una gestión adecuada de los espacios de las zonas inundables, para lo cual se retirarían las motas y se devolvería al río el terreno ocupado en su ribera, incrementando la protección ambiental de los espacios protegidos por la normativa de la Unión Europea.
Además, realizando la gestión adecuada estos espacios, se inundarían zonas ocupadas por los bosques de ribera o terrenos no vulnerables frente a las avenidas.

La extracción de gravas y la eliminación de la vegetación de ribera nada tienen que ver con la limpieza de los ríos, siendo su presencia clave para la correcta carga y descarga de los acuíferos.