El centro tecnológico Ainia, radicado en Paterna (Valencia), presentó un proyecto de investigación singular denominado PHBottle. Consiste en aprovechar azúcares y otros residuos ricos en carbono, nitrógeno y oxígeno existentes en las aguas residuales de las industrias de zumos para fabricar plásticos destinados a envasar nuevos zumos. Además, se quiere conseguir un envase biodegradable, con propiedades antioxidantes que alarguen la vida útil del alimento que contenga y que pase por un análisis del ciclo de vida que demuestre que el proceso es sostenible en consumo y desecho de recursos.

El objetivo de PHBottle es crear un material biodegradable por fermentación de productos que provienen de la industria alimenticia (aguas residuales del proceso de zumos); de momento la aplicación inmediata será para embotellar zumos, uno de los negocios de más crecimiento en Europa. Se podrán producir en PHB la botella, la tapa y la etiqueta.

Gracias al almidón de patata, maíz o trigo y a la caña de azúcar se fabrican ya plásticos en todo el mundo

Según cifras de European Bioplastic, que agrupa a 75 socios procedentes no solo de la industria fabricante de plásticos, sino también de la agroalimentaria y la química, la producción de al menos once tipos diferentes de bioplásticos en 2011 rondó el millón de toneladas. Si se coteja este dato con el de otra organización, la de la industria europea, Plastics Europe, que cifra en 280 millones de toneladas la producción mundial, tenemos que menos de un 0,4% procede de materias primas cuyo origen no son recursos fósiles… o sí. Juan Ruiz, responsable de Eficiencia Energética y Normalización de Plastics Europe, afirma que “los plásticos biodegradables, aunque no tengan origen orgánico y procedan del petróleo, también se consideran bioplásticos, porque al final se integran en el medio ambiente e incluso se pueden compostar”. No se puede afirmar que un bioplástico sea mejor que otro simplemente por la procedencia de la materia prima, ya que todo dependerá del análisis del ciclo de vida, de si se cultiva y en qué tierra, si interfiere en la producción de alimentos, de su consumo de agua y energía. También los procedentes de residuos pueden resultar poco “limpios” si no se supervisa bien todo el proceso, como hacen Ainia y el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB-CSIC), y más concretamente el Departamento de Biotecnología de Biopolímeros que dirige María Auxiliadora Prieto. “Una de nuestras funciones es diseñar microorganismos que permitan integrar diferentes residuos orgánicos en la producción de bioplásticos”, señala.

Los microorganismos son básicos para transformar los residuos en biopolímeros con los que fabricar los plásticos. La materia prima residual puede ser muy variada. El CIB-CSIC colabora en otro proyecto, Synpol (Biopolímeros a partir de la fermentación de syngas), incluido en el Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea (al igual que PHBottle), cuyo objetivo es producir plásticos a partir de los restos orgánicos de las basuras domésticas. En San Sebastián tuvo lugar en mayo la presentación de otro proyecto internacional, Eclipse, coordinado por el centro tecnológico vasco IK4-CIDETEC. En este caso, el objetivo es conseguir nuevos plásticos procedentes de desechos orgánicos, como planta de banana y cáscaras de almendras y crustáceos. Y puestos a buscar e investigar con materias vegetales de desecho, también la Universidad de Utrecht (Holanda) trabaja para obtener plásticos utilizando restos de podas. En este último caso introducen el concepto de biorrefinería, al englobar la producción de medicinas y pinturas. María Auxiliadora Prieto recuerda que “ya existen plantas de las que salen combustibles, subproductos destinados a cosmética y fertilizantes orgánicos”.

Proceso creación PHBottle

En los laboratorios de Ainia, en Paterna, también amplían el arco de usos del bioplástico con el que trabajan en PHBottle. “Servirá para envasar otros productos alimentarios, como lácteos, pero también cosméticos o de higiene, e incluso para fabricar piezas de automóviles”, afirma Carlos Enguix, responsable del Departamento de Tecnología del Envase de este centro, Por otro lado, en ese objetivo de conseguir un ciclo de vida lo más sostenible posible, añade que “la fabricación del bioplástico también conlleva la elaboración de sustancias activas que tengan propiedades antioxidantes y antimicrobianas, y aquí estudiamos la posibilidad de incorporar aceites esenciales procedentes de cáscaras de naranja”. En Ainia, que lidera PHBottle y trabaja en el proyecto con otros 11 socios europeos, dos de ellos españoles (Instituto Tecnológico del Plástico y Citresa), no descartan emprender un trabajo de mayores dimensiones para detectar y cuantificar la materia residual susceptible de ser utilizada para fabricar plásticos en toda España, al estilo del trabajo desarrollado en Probiogás, que identificó el potencial para generar biogás.